PARA UN ANGEL
Sobre un catre
yacía recostado un niño;
y fue mi asombro
o fue mi dolor,
tal vez los dos.
Tenía los ojitos hundidos,
secos y perdidos en su suerte.
Me acerque,
lo destape,
puse el dorso de mi mano
sobre su carita
y sentí en su piel,
el frío de la muerte.
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