En el ejercicio de la pediatría es común evaluar a un niño que presenta fiebre de 2 a 3 días de evolución y a quien no se le encuentran hallazgos físicos que la jusifíquen. Lamentablemente existen padres exigentes que quieren salir del consultorio con un diagnóstico y asimismo médicos profanos que no saben que la fiebre es un mecanismo de defensa, y que consiste en el estimulo que los pirógenos endógenos causan en el hipotálamo; cuando son liberados en el proceso de fagocitosis. Es decir que la respuesta del hipotálamo será la orden por vía eferente, para que los poros se cierren y aumente la temperatura interna del cuerpo más allá del parámetro normal correspondiente a 37 grados centígrados.
El resultado final de todo este proceso es evitar la multiplicación binara bacteriana que ocurre a cada segundo y que dejaría en total desventaja a la actividad leucocitaria de defensa. Entonces la explicación de esos casos de fiebres sin causa clínica apreciable, podría ser debido a que el sistema de defensa natural del organismo logró dominar la invasión bacteriana o viral y su consecuente ubicación en algún órgano o sistema.
El papel del médico debería ser tranquilizar a los padres del paciente, explicando el valor incalculable que tiene la fiebre como mecanismo de defensa, enseñar cómo aliviar las molestias que ésta ocasiona y una vez el médico a realizado una evaluación exaustiva y determinado que no hay hallazgos físicos que indiquen una interveción específica; se puede esperar la evolución que en muchos casos es la desaparición de la fiebre.
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